7 febrero, 2023

El regreso a casa

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“Ir al Alberto Gallardo, es una peregrinación para volver a la raíz, al cariño primero, a la conexión natural, donde no hacen falta explicaciones, donde todos los corazones laten al ritmo del balón golpeando el terreno de juego.”- Kreuza del Campo.

Estoy tarde para la presentación del primer equipo. Debí estar en el Alberto Gallardo hace, por lo menos, treinta minutos. Olvidé imprimir la entrada que compré para asistir a ‘La tarde celeste’, no tengo impresora en casa y hoy, no hay negocios abiertos en la ciudad.

Decido tomar un taxi que me acerque a la estación del metropolitano y en Lince, comienzo a buscar dónde imprimir una hoja de papel con el número de mi asiento. Reniego por el siglo XXI en el que vivo y que al parecer, no ha llegado hasta la tiquetera contratada por el club para vender las entradas del evento.

Desesperada, viendo el tiempo pasar, entro a una bodega, donde el dueño que también es la persona que atiende, resulta ser hincha del Sporting Cristal. Su nombre es Oswaldo y luego de ofrecerse a ayudarme, me confiesa que no ha vuelto a la cancha desde que comenzó la pandemia. Vive cerca al Estadio Nacional, así que es un hombre acostumbrado a ir a ver a nuestro equipo jugar con los clásicos rivales. Hace mucho tiempo no pisa el Alberto Gallardo.

Mientras intenta conseguirme una impresora, Oswaldo conversa conmigo y atiende al público que no para de entrar y salir de su tienda. Llama a un par de personas, nadie contesta. Hablamos del club, la camiseta, la hora de inicio del partido, las distancias. Al fin, alguien contesta. Recibo la hoja de papel con la entrada impresa: Occidente central butaca preferencial, Fila F9, Asiento 23. Oswaldo y yo nos despedimos. Estrecho su mano y le agradezco infinitamente su ayuda. Me pide que disfrute el partido por él. Le aseguro que lo haré.  Me voy creyendo que, de una forma u otra, el destino siempre es celeste.

Camino al estadio, comienzo a experimentar  todo eso que usualmente siento cuando vuelvo de viaje al lugar donde nací, a ver a mamá, papá, la familia y los amigos de siempre. Ir al Alberto Gallardo, es una peregrinación para volver a la raíz, al cariño primero, a la conexión natural, donde no hacen falta explicaciones, donde todos los corazones laten al ritmo del balón golpeando el terreno de juego.

Y nada más llego y el día cambia. El cielo parece más celeste o quizás es el reflejo del sol en el mar de camisetas donde me sumerjo. El bombo y la garganta del Extremo Celeste, me dan la bienvenida. Estoy tarde para la presentación del primer equipo, sí; pero nunca llego tarde al amor, porque para sentir el amor, solo hay que poner un pie en el Alberto Gallardo.

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